Tantos medios para tan pocos fines

Published on 05/03,2008

 

No es lo mismo enseñar castellano que prohibir el uso del mallorquín

Josep Melià

Mucha gente atribuye a Machiavelli la idea de "el fin justifica los medios", especialmente tras la aparición de su obra El Príncipe a principios del siglo XVI, de ahí que el adjetivo maquiavélico tenga una connotación claramente negativa. Personalmente no estoy de acuerdo con que ese sea el mensaje de la obra, como tampoco con la aseveración de que un fin justifique cualquier medio.

Cuarenta años después de que se produjeran las revueltas del mayo parisino (y también norteamericano), treinta desde que se aprobase la Constitución del Estado español, casi veintisiete desde el primer Estatuto de Autonomía de las Illes Balears (respeto a quienes las llamen Mallorca, Palma de Mallorca o cualquier otra denominación anterior, no entraré en legitimidades personales), nos encontramos sumidos en un descontrol orteguiano que a muchos provoca apatía y desafección.

Aparece en la prensa castellanista que en un colegio de Santa Eugènia los profesores vigilan que en el recreo se hable en el catalán de las islas entre los niños de primaria, actuando sobre la libertad de pensamiento y de expresión de cada alumno, intentando homogeneizar y dirigir una situación privada. La libertad positiva de los niños de pensar y comunicarse se ve perjudicada, limitada en sentido negativo (en términos de Berlin), entrando en un terreno de control propio de regímenes orwellianos. Se vulnera una de las libertades primarias que llevaron a John Stuart Mill a redactar su obra más famosa.

Respecto al mismo tema de la lengua, las Juventudes Nacionalistas del PSM aciertan en denunciar que Nájera, como Portavoz del Govern, debe ofrecer los discursos en catalán, pese a que no sea su lengua vernácula. Es un error pedir su dimisión e interiorizar como un agravio que se dirija en castellano las más de las veces. El mandato representativo nació como instrumento jurídico mucho más avanzado que el mandato imperativo, y por tanto nos permite que situaciones como la actual se enmienden sin perjuicio de nadie, aunque a algunos colectivos les pese.

¿Por qué se busca el conflicto permanentemente, en lugar de defender los ideales de cada uno respetando al de enfrente? Pensadores como Voltaire o Stuart Mill deberían ser releídos, tanto por políticos, como por profesores, gente de la cultura y, por supuesto, el cuarto poder.

Hace más de veinticinco años fue publicado un opúsculo titulado "Per què no?", de  Miquel Roca i Junyent (ponente de la Constitución que antes nombrábamos), en cuyo Prólogo, Jordi Pujol afirma:

«No podemos ni queremos no ser catalanes. Ser catalán es, además, nuestro modo y nuestro camino para ser españoles. Y si de alguna forma podemos ser útiles a España es a través de nuestro ser catalán o de nuestra específica forma de ser español.» (p. VIII)

A finales de los años sesenta, Josep Melià publicaría "Els Mallorquins", traducido al castellano por Gabriel Cisneros (ponente también de la Constitución) y que recoge frases como las siguientes:

«Parafraseando a un autor diríamos que sólo siendo más menorquines y más ibicencos podremos ser más mallorquines; más catalanes, en segunda instancia; y en definitiva, más españoles.» (p. 164)

«Puede que entonces los mallorquines sepamos hacer algo más que obedecer tan admirablemente y podamos aportar a España, no sólo un patrimonio cultural propio, sino un empuje comunitario para la resolución de los quehaceres colectivos.» (p.215)

 

«(..) este es el único camino que tenemos para realizar nuestra aportación nacional al Estado español.» (p. 225)

En esta obra se defiende también la Autonomía, como luego veríamos en su trayectoria política, no la independencia ni la constitución de una República catalana o una bacavia utópica.

En 1.981 aparecía una obra de Gregori Mir, "Els mallorquins i la modernitat", que recogía textos anteriores del autor. En ella aparecen frases como «El nacionalisme no sempre significa o ha de significar independentisme» (p.206) o que «I és que al meu mode de veure la qüestió, el fet Països Catalans, ha d'esser considerat davant, enfront o en relació al fet Estat (..)» (p.133). Distingue Mir entre la cuestión cultural y la política, defendiendo la Autonomía y la Constitución en sus últimas páginas. Incluso propone unos eixos d'integració nacional, que aunque limitados (y como contraposición al Artículo 11 de la Constitución Española de 1.931) recoge tres puntos: Economía, Política y Cultura.

El pragmatismo político de estos autores, que ha podido verse en sus trayectorias con el transcurso de los acontecimientos, parece que haya dado paso a una polarización ideológico-nacionalista y que la cuestión cultural centre la atención de intelectuales, académicos, periodistas y políticos.

La situación actual es consecuencia de la vulneración de la cultura de Ses Illes y el intento de imposición castellana; es, por tanto, una situación de reacción frente a los agravios anteriores. Si toda acción conlleva una reacción, deberíamos sopesar la conveniencia de imponer (contra el Estatut de Autonomia) una lengua -sea el castellano o el catalán-, porque quienes estamos bajo el péndulo somos todos, y todos tenemos mucho que perder.


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