Algo se mueve...
La entrada de UPyD en el panorama ideológico y político a nivel estatal constituye un caso curioso, digno de estudio. Sus activos humanos, provinentes muchos de ellos de círculos políticos, intelectuales y de la cultura, han llevado a que sus tesis generales (conservadoras respecto a la pluralidad lingüística, progresistas respecto a la representatividad del sistema electoral) sean escuchadas en sede parlamentaria, justo después de la legislatura de la crispación. Algunos poderes fácticos y mediáticos intentaron, e intentan hoy en día, desprestigiar esa formación mediante analogías con el Partido Popular de Fraga; por ejemplo, las encuestas del Grupo Prisa acerca de quién reduciría su electorado a costa de UPyD: si el PP o el PSOE.
Algo que tal vez pasó desapercibido de aquella legislatura en la que se gestó UPyD, fue que el diputado Joaquín Calomarde, del Partido Popular, se enfrentó a la cúpula de su partido y al veto antidemocrático que se autoimpusieron hacia el citado Grupo Prisa. Sus desavenencias con los altos cargos provocaron su salida del PP, y su consiguiente entrada en el Grupo Mixto, grupo al que pertenecen Rosa Díez, o Uxue Barkos en la presente legislatura.
Desde 2007, especialmente como consecuencia de su dimisión como miembro del PP, le han sido publicados varios artículos, en los que aparecen propuestas, principios e ideas que muchos ciudadanos que se consideran de centro pueden compartir. Con referencias a la democracia liberal, a los autores más emblemáticos del pensamiento liberal-social y a las necesidades actuales del país, Calomarde escribió Nosotros los liberales, publicado a principios de agosto en El País. La arrogación subjetiva del carácter liberal a un «nosotros» indeterminado le permitía que muchos se autoidentificasen con sus tesis; algo parecido a lo que pudo suponer el «Nosaltres els valencians» de Fuster, que nada tienen en común con el «We, the people» norteamericano, aunque la intención sea parecida. Una estrategia inteligente, todo sea dicho, pero meramente retórica.
Recientemente ha aparecido otro artículo del ex diputado, titulado Constitución española: tiempo de reformas. Siguiendo con la estela del anterior, aunque en esta ocasión con un carácter social más claro, habla sobre algunos de los temas jurídicos constitucionales más delicados (por ello objeto de Ley Orgánica), como son la Corona, la organización territorial del Estado o el Senado.
Podríamos pensar que su salida del engranaje partidista ha favorecido que ahora, fuera de un partido al que beneficia la Loreg, defienda una mayor representatividad electoral de los partidos estatales. Exactamente lo mismo defiende Rosa Díez, que fuera candidata a la Secretaría General del Psoe. Sin embargo, Calomarde se distancia de uno de los pilares básicos de UPyD en su artículo al escribir acerca del «único marco posible de convivencia futura: el Estado Federal.».
Este caso podría ser aislado, pero también podría resultar significativo. Algunos pensarían que este político podría militar en el ala más liberal del Psoe, con la que comparte ciertos valores y concepciones sociales. Fuera de ese partido, no tendría cabida dentro de ningún otro partido destacado a nivel estatal. De momento parece que tampoco en UPyD.
Fernando Savater fue construyéndose su partido a medida a base de discrepancias con la izquierda oficial, especialmente en temas como el terrorismo o la forma de Estado, y Rosa Díez no tuvo que esperar demasiado tras salir del Psoe, lo tuvo relativamente todo desarrollado. Calomarde también ha puesto de relieve que hay personas que no provienen del marxismo, sino del liberalismo, que comparten principios socialdemócratas, pero que difieren en otras materias, compartidas con sectores conservadores. Podría ser un «Tercero incluido» en términos de Bobbio, es decir, un término medio, cercano en determinados temas a la derecha y en otros a la izquierda, pero remarcando las diferencias con ambos. Sería diferente del «Tercero incluyente» que se intuye del ideario de UPyD, es decir, intentar ir más allá de las ideologías, integrando derecha e izquierda sin una línea fija y concreta.
Es por ello que parece que se hayan puesto en marcha ciertos mecanismos de publicidad, autoafirmación y autoubicación que pueden derivar en la aparición de un nuevo grupo político diferente, necesario y fuerte, capaz de dar voz a un sector de la izquierda y del centro democráticos, tal vez incluso de los sectores moderados del centro-derecha. El estancamiento partidista que ritualiza los discursos, la falta de alternativas y la escasa tradición socialdemócrata del Estado son algunos de los factores que podrían favorecer la aparición de un nuevo grupo, de una alternativa a la izquierda del Psoe.
Una alternativa más autónoma y menos centralista; más preocupada por introducir criterios de eficiencia en la Administración Pública en lugar de incrementarla con personal innecesario; más social, invirtiendo en medidas estables y en estructuras sociales que hagan que la asistencia social vaya haciéndose menos necesaria. Siempre que el señor Polanco lo permitiese.
