El mes de junio ha iniciado su andadura con mal tiempo y peor cara. Como compañera de viaje, la crisis económica (y laboral) parece haber escogido en Mallorca la polémica lingüística, placebo mediático del malestar generalizado.
Tras recopilar información de diarios y fuentes digitales, la polémica de Air Berlin podría resumirse brevemente:
1. La Directora General de Política Lingüística del Govern Balear, Margalida Tous (BLOC), envía una misiva a varias compañías aéreas que operan en Baleares, instando a utilizar también el catalán en su relación con los pasajeros, al tratarse de una lengua oficial («propia» según el Estatut d'Autonomia).
2. El presidente de la compañía privada Air Berlin, Joachim Hunold, publica un editorial en la revista Air Berlin Magazin, con una respuesta desproporcionada, en la que entra en aspectos como las lenguas y los nacionalismos regionales en España. Declara:
- «La partición de España en nacionalismos regionales es un retorno a los mini estados medievales. Hasta ahora pensaba que vivíamos en una Europa sin fronteras»
- « ¿Les tengo que dar cursos de catalán por decreto a mis empleados? ¿Y los que vuelan a Galicia o al País Vasco querrán que nos dirijamos en vasco o en gallego? ¿Es que ya no hablan en castellano?»
- «Mallorca se ha beneficiado de la Unión Europea como no lo ha hecho prácticamente ninguna otra región europea».
- «Hoy el castellano ya no es una lengua oficial»
- «Hay pueblos de Mallorca en los que los niños ya no hablan el castellano. En las escuelas, el castellano es una lengua extranjera más»
El argumento de fondo parece ser la disconformidad del empresario alemán con el Govern por los costes de formación que supondrían para su compañía, en la que sus trabajadores deberían aprender, además de inglés y de castellano, catalán. Su visión es puramente económica y considera la misiva del Govern una amenaza de incremento del gasto, que intenta soslayar con ningún acierto.
La justificación económica se ve empañada por los argumentos superficiales que utiliza, que contienen una idea personal de la política española -compartida por corrientes de izquierdas y derechas en España-, pero expresada en un lugar inadecuado.
La Directora General Margalida Tous replicó que realmente existe una falta de voluntad de la empresa, no que se defiendan intereses económicos, porque pueden realizarse acuerdos y convenios para el fomento del idioma.
3. El carácter político de sus declaraciones y el agravio a la lengua catalana han provocado reacciones en Baleares y Cataluña, algunas de ellas de apoyo a la compañía. Colectivos como la Obra Cultural Balear, Joves de Mallorca per la Llengua o la catalana Plataforma per la Llengua han manifestado su oposición a tales declaraciones a través de protestas y acciones cívicas, como ofrecer información sobre compañías alternativas que también vuelan a Baleares. Otros sectores agraviados se plantean promover un boicot más directo contra Air Berlin, similar al que padecieron los productos catalanes tras la aprobación del Estatut en 2006.
Entre los grupos que apoyan las tesis manifestadas por Hunold se encuentra el Círculo Balear, UPyD y Ciutadans-Partido de la Ciudadanía, que incluso las consideran «valentía» y un acto de denuncia contra la intromisión en la esfera privada.
Desde las instituciones baleares no existe una respuesta unitaria, a la espera de reuniones que aclaren los argumentos de ambas partes. Existen dentro del Pacte corrientes muy críticas con las declaraciones de Hunold, y otras posturas que creen que la misiva fue malinterpretada y que en ningún momento se intentó imponer el catalán.
Resulta significativa la postura de Álvaro Middelman, presidente de Fomento del Turismo y Director General de Air Berlin en España y Portugal, que justifica las declaraciones de Hunold y cree que el «castellano está siendo discriminado en ciertos puntos de España», y que introducir el catalán en la compañía sería «un agravio comparativo con otras regiones y es inasumible».
Lejos de posicionarme ciegamente por unos u otros, pienso que desde el Govern se obró correctamente, sugiriendo en la misiva que las compañías con más volumen de trabajo en Baleares intenten adecuarse a su realidad lingüística. Tal vez fuese una inversión beneficiosa, no sólo porque aumentasen el número de viajeros en vuelos interestatales e internacionales, sino que incidiría en la imagen de Air Berlin en el mundo.
Claro está que el incremento del gasto que esto supondría a la empresa debería haber sido analizado antes del editorial y pensar si ese coste de oportunidad es significativo, en cuanto a imagen y fidelidad de los clientes potenciales, y justificar su postura con esos argumentos. Ahora las declaraciones de Hunold ya forman parte de la imagen (o sinapsis del cerebro según Lakoff) de la empresa, hasta que se intenten enmendar, rectificar o dejar que el tiempo las difumine. Hoy por hoy, uno ve que tristemente el discurso es involucionista, insolidario y particularista, y no parece que la situación se preste a mejorar.
Artículo en PDF